Mi cuerpo sobre el tuyo, lamiendo vehementemente cada parte de tu cuello, esforzándome al máximo para conseguir ese jodido suspiro tuyo de impotencia, de querer fundirnos en uno.
Cuando llega su susurro a mi oído ya no hay quien pare ese frenético latir seguido de un ir y venir de ropa y sentimientos que desgarraria cualquier alma y nos lleva a desafiar esas putas que nos impiden fundirnos, esas leyes formuladas por un tal Einstein.
Y sin embargo vamos mas allá del infinito, imparables nosotros porque lo fácil nunca fue bonito.
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martes, 8 de octubre de 2013
Suspiros mentirosos que nos hacen creer su inocencia.
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